Editorial
Vol. 28 Núm. 2 (Abril-junio 2026)
8 min
Daniel Buljubasich1*, Susana Luhning2
1Hospital Español de Rosario, Rosario, Argentina
2Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Córdoba, Argentina
Métricas
94
Visualizaciones
14
Descargas
Compartir
Compartir
Históricamente, la salud pública ha operado bajo un paradigma reactivo frente al tabaquismo, pero esta reacción resulta siempre lenta. Mientras los organismos internacionales y las sociedades científicas documentan los estragos de la combustión, la Industria Tabaquera (IT) ya ha colonizado nuevos territorios mediante la sofisticación tecnológica y el rebranding (renovación o cambio de identidad de una marca) de la nicotina1.
Hoy, no nos enfrentamos solo a un problema de humo, sino a un ecosistema digital y químico diseñado para eludir las regulaciones antes de que estas terminen de redactarse.
Intentemos analizar por qué la ciencia camina mientras el mercado del tabaco corre. La IT es mucho más ágil, más rápida y menos burocrática que el colectivo sanitario. Siempre está un paso adelante2. Es claro que hay una gran asimetría: mientras que la salud pública se mueve al ritmo de la evidencia científica y la regulación legislativa (procesos lentos por naturaleza), la IT se mueve al ritmo del mercado y la innovación tecnológica.
La historia se repite: así como en los años 50 la comunidad científica tardó una década en validar los hallazgos de Richard Doll debido al escepticismo y a la interferencia de figuras prominentes de la época, tal vez casual y bien intencionada o tal vez no… hoy nos enfrentamos a una demora similar al evaluar los nuevos dispositivos electrónicos y las nuevas formas de consumo. La industria utiliza ese ‘tiempo de espera’ científico para consolidar su mercado3.
Durante décadas, la salud pública ha celebrado victorias legislativas como hitos definitivos. Sin embargo, la industria del tabaco ha demostrado una plasticidad evolutiva asombrosa: cada vez que la ciencia levanta un muro, la industria construye un túnel o, más recientemente, un puente digital para sortear esos muros. Mientras la ciencia tarda años en demostrar científicamente cada hecho, la industria lanza varios nuevos productos en solo meses (e-cig, tabaco calentado, bolsas de nicotina y seguirán…).
Esta dinámica crea un ‘retraso regulatorio’ que deja a las políticas de control siempre un paso atrás. Esto se confirma por el significativo aumento en la utilización de las nuevas formas de consumo de nicotina que están alcanzando valores muy preocupantes. Actualmente, al menos 86 millones de adultos consumen cigarrillos electrónicos a nivel mundial, pero la cifra más alarmante corresponde a los menores: 15 millones de adolescentes (de 13 a 15 años) ya son usuarios, con una probabilidad de consumo nueve veces mayor que la de los adultos1. No es solo el vapeo; las nuevas formas de nicotina están creciendo exponencialmente. En España, por ejemplo, el mercado de bolsitas de nicotina prevé un crecimiento del 60% para 2026, demostrando que la industria diversifica su catálogo de adicción más rápido de lo que nuestras leyes pueden reaccionar4.
Ya en 2013, Moodie había acuñado el término “vectores comerciales de enfermedades”. Argumenta que las empresas multinacionales utilizan el poder político y legal para socavar las políticas de salud pública antes de que se implementen. “Debemos dejar de entender el tabaquismo simplemente como una serie de decisiones individuales para analizarlo como una epidemia industrial. Las tabacaleras actúan como vectores comerciales de enfermedad que, a diferencia de los vectores biológicos, poseen la capacidad de mutar sus productos y capturar procesos políticos deliberadamente.” El vector de esta enfermedad sería la IT, que tiene la capacidad de rediseñar su agente a su antojo, infectar al sistema legal, reconvertirse de la manera más conveniente, lograr la adhesión de prestigiosos profesionales para convencer al equipo de salud de la conveniencia de adherirse a sus nuevas prácticas. Todo esto le permite sacar una gran ventaja de tiempo e impacto sobre el sistema de salud5.
Como demostraron Grana et al. en su revisión para Circulation, al introducir dispositivos que eludían las definiciones legales de ‘fumar’, la industria no buscaba una alternativa al tabaco, sino una expansión del mercado, y lograron así renormalizar el consumo de nicotina en espacios públicos, adelantándose por años a las reformas de las leyes de control de tabaco6.
“La industria del tabaco ha adquirido las principales marcas de cigarrillos electrónicos... están utilizando las mismas tácticas de marketing para promover estos productos que solían usar para los cigarrillos convencionales, incluyendo el uso de celebridades y temas de rebeldía e identidad, dirigidos específicamente a los jóvenes7.”
Según SEPAR, los cigarrillos electrónicos no son eficaces ni seguros para dejar de fumar. En su composición existen productos carcinogénicos y las evidencias de daño son cada vez más numerosas e incluyen predisposición al desarrollo de infecciones pulmonares, desarrollo de injuria pulmonar aguda (EVALI) y lesiones en la mucosa similar a la que produce la EPOC8.
El desplazamiento del discurso corporativo hacia la narrativa de la “reducción de daño” constituye la maniobra más audaz de la última década. Bajo este paraguas semántico, los sistemas electrónicos de administración de nicotina (ENDS) y las bolsitas de nicotina se posicionan como herramientas de transición para fumadores crónicos. Sin embargo, mientras las autoridades intentan validar la seguridad a largo plazo de estos dispositivos, un proceso que requiere años de estudios, la industria aprovecha este vacío de certeza para normalizar el uso de nicotina en espacios antes libres de humo. Como advierte la literatura, existe un riesgo real de “efecto puerta” (gateway effect)9 y de captación de jóvenes que nunca habrían iniciado el consumo de tabaco combustible.
¿Y si se estuvieran equivocando? ¿Y si en esa “fortaleza” en la dinámica de movimiento de la IT que apunta a la introducción al consumo de jóvenes que nunca habían fumado, estuviera la mayor debilidad de su estrategia? Fue el descubrimiento del daño del humo ambiental de tabaco (HAT) a fumadores pasivos lo que terminó generando las regulaciones que tenemos actualmente. Este enfoque directo y burdo sobre una población vulnerable pero protegida, sorprendentemente, nos abre una puerta de acceso a la opinión pública para explicar claramente lo que está sucediendo y nos coloca en una posición desde donde podemos presentar batalla. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para inclinar la balanza en favor de la salud.
Ejemplo de eso es la movilización de las “Madres contra el vapeo”. El impacto se percibe cuando uno ve las reacciones de los grupos de choque de los vapeadores ocuparse de este tema tratando de minimizarlo, como hace un tiempo hacían con las opiniones de los profesionales sanitarios y aún lo siguen haciendo, pero con mucha menos virulencia. Es como si esa batalla ya no les importara, mientras que la opinión de las madres sí, como puede verse en una publicación titulada “Conoce a las mamás ricas que quieren prohibir el vaping10.”
La industria muta hacia nuevas formas de consumo que se presentan como inofensivas: las instalaron en el paisaje, las incluyeron en las rutinas de consumo. Se vapea en parques, en terrazas, en conciertos, en la puerta de los institutos, en cualquier lugar donde haya adolescentes y con una sensación de impunidad suave, casi estética. El mercado, solamente en Europa, genera 13.700 millones de euros de ingresos. En esta gran expansión entra China, que prohíbe en su mercado interno el consumo de saborizantes, pero los vende libremente en los mercados del mundo11.
En fin, una industria que crece, un mercado que se reformula a su conveniencia, la incorporación indiscriminada de jóvenes que no fuman a nuevas formas de consumo, una reacción lenta del colectivo sanitario y de las autoridades. El cóctel ideal para una tormenta perfecta. Del otro lado, una tenue luz al final del túnel.
Debemos unificar nuestra lucha en defensa de nuestra población más vulnerable, niños y adolescentes que empiezan a hacerse adictos a una vieja-nueva droga: la nicotina, disfrazada ahora de inofensiva. Necesitamos utilizar todos los recursos disponibles y hacerlo de manera rápida y eficaz, multiplicando voces y alineándonos tras un mismo objetivo y con un mismo mensaje: ¡con los niños NO!
Referencias
Explorar
Artículos
Volúmenes
Sobre la revista
Más leídos
Prevención del Tabaquismo
Prevención del Tabaquismo
Prevención del Tabaquismo
Prevención del Tabaquismo
Prevención del Tabaquismo